Este 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, en Priego volvimos a leer un manifiesto en la plaza del Ayuntamiento. Un texto correcto, institucional, lleno de buenas palabras sobre igualdad, derechos y compromisos. Pero al mirar alrededor había apenas medio centenar de personas en una localidad de 22.000 habitantes.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿qué estamos haciendo mal?
La igualdad sigue siendo una causa justa y necesaria. Nadie discute que las mujeres han tenido que luchar durante décadas para conquistar derechos que hoy parecen normales. Nuestras madres y nuestras abuelas lo saben bien. Muchas no pudieron estudiar, otras trabajaron toda su vida sin reconocimiento y casi todas cargaron en silencio con el peso de los cuidados y la familia.
Pero quizá el problema no está en la causa, sino en cómo la contamos.
Hemos llenado los manifiestos de palabras grandes y conceptos institucionales que muchas veces suenan lejanos para la vida real de la gente. Hablamos de marcos estratégicos, de compromisos colectivos o de discursos globales, pero pocas veces hablamos de las mujeres concretas que tenemos al lado.
De la mujer que abrió su pequeño negocio cuando nadie apostaba por ella. De la abuela que sostuvo a toda una familia. De la joven que hoy se plantea si podrá construir su futuro en su propio pueblo.
La igualdad no es un texto largo leído una vez al año en una plaza. Es una historia que se construye cada día en nuestras casas, en nuestros barrios y en nuestros pueblos.
Quizá ha llegado el momento de recuperar el sentido y el sentimiento de esta fecha. De volver a hablar de personas, de experiencias y de vida real. De escuchar más y recitar menos.
Porque si el 8 de marzo deja de emocionar, deja de movilizar.
Y entonces habremos perdido algo más que asistentes a una convocatoria en nuestra plaza.
* Portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Priego de Córdoba