Antigua explotación vinculada al entorno de La Cubé, este enclave forma parte de uno de los paisajes periurbanos con mayor valor natural, geológico y sentimental del municipio
Redacción/Priego Digital
Miércoles 1 de julio de 2026 - 09:00

Hay lugares que no aparecen en los grandes folletos turísticos, pero que forman parte de la memoria íntima de un pueblo. En Priego de Córdoba, uno de esos espacios es el conocido como Lago Verde, un rincón situado en el entorno de La Cubé que aún conserva ese aire de paraje escondido, entre la naturaleza, la historia popular y las huellas de antiguas actividades extractivas.

Vinculado tradicionalmente a una antigua zona de extracción de yeso, el Lago Verde se integra en uno de los paisajes periurbanos más singulares del municipio, muy próximo al casco urbano y relacionado con el río Salado, las cuevas, la roca travertina y los caminos que durante décadas han formado parte de los paseos, juegos y recuerdos de varias generaciones de prieguenses.

Un enclave ligado a La Cubé
El entorno de La Cubé ha sido considerado durante años uno de los espacios naturales más valiosos y cercanos a Priego. Situado junto al río Salado, combina interés geológico, paisajístico, biológico y sentimental. No es solo un lugar de paso o una zona verde en las afueras, sino un espacio que conecta el casco urbano con una parte menos conocida de su patrimonio natural.

En ese paisaje aparece el Lago Verde, un enclave que la memoria local asocia a una antigua explotación de yeso y a unas aguas de tonalidad verdosa que han dado nombre al lugar. Su singularidad no reside únicamente en su aspecto visual, sino también en lo que representa: la relación entre Priego y su entorno natural inmediato, entre la actividad humana y el paisaje, entre el recuerdo y el abandono.

Para muchos vecinos, La Cubé y sus alrededores fueron durante décadas lugar de paseo, de meriendas, de juegos, de baño, de exploración de cuevas y de contacto directo con la naturaleza. Un espacio cercano, accesible y popular, que formaba parte de la vida cotidiana antes de que muchas de estas zonas quedaran relegadas a un segundo plano.

Memoria de generaciones
Hablar del Lago Verde es hablar también de memoria. De niños que bajaban a jugar por los alrededores, de familias que se acercaban a pasar el día, de jóvenes que descubrían cuevas y senderos, y de vecinos que aún recuerdan aquel entorno como un lugar vivo, mucho más frecuentado que en la actualidad.

Esa dimensión sentimental es clave para entender la importancia del enclave. No se trata únicamente de un punto del mapa ni de una curiosidad geológica, sino de un espacio que ha formado parte de la educación emocional y paisajística de muchos prieguenses.

En una época en la que se habla cada vez más de turismo sostenible, de recuperación de espacios naturales y de conexión con el territorio, parajes como el Lago Verde invitan a mirar de nuevo hacia lo cercano. A veces, el patrimonio más valioso no está lejos, sino en esos lugares conocidos de oídas, recordados por los mayores y pendientes de ser redescubiertos con respeto.

Un patrimonio natural pendiente de mirada
El entorno de La Cubé ha sufrido durante años problemas de abandono, pérdida de uso público, deterioro y falta de continuidad en su puesta en valor. Distintos colectivos y actuaciones municipales han llamado la atención en diferentes momentos sobre la necesidad de proteger y recuperar este espacio, evitando que su valor natural y social quede diluido por el paso del tiempo.

El Lago Verde forma parte de esa conversación pendiente. Su posible recuperación o, al menos, su adecuada señalización, documentación y protección, debería realizarse siempre desde la prudencia, teniendo en cuenta la seguridad de los accesos, el estado del terreno y la fragilidad de un entorno que no debe masificarse ni banalizarse.

Antes de cualquier impulso turístico o divulgativo, resulta necesario conocer bien el lugar, escuchar a quienes lo han frecuentado, recabar información técnica y evitar actuaciones que puedan dañar su equilibrio natural.

Una oportunidad para Priego
Priego de Córdoba cuenta con un patrimonio monumental ampliamente reconocido, pero también con un patrimonio natural de cercanía que merece mayor atención. El Bajo Adarve, la Fuente del Rey, el río Salado, La Cubé y espacios como el Lago Verde podrían formar parte de un relato más amplio sobre la relación entre la ciudad y su paisaje.

No se trata de convertir cada rincón en un reclamo turístico convencional, sino de recuperar la conciencia sobre espacios que explican otra parte de la identidad prieguense: la de los caminos, las aguas, las cuevas, las antiguas explotaciones, los paseos familiares y la memoria popular.

El Lago Verde sigue ahí, discreto, casi oculto, esperando quizá una mirada más atenta. Su historia mezcla naturaleza, geología, recuerdo y abandono. Y precisamente por eso merece ser contada, contrastada y preservada como parte de ese Priego menos evidente, pero profundamente ligado a quienes lo han vivido.

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